RegTech en México: qué está cambiando de verdad
El cumplimiento deja de ser un área que revisa después y pasa a ser una capa dentro del proceso. Qué implica para una institución mexicana.
Carlos Galant
RegTech es una etiqueta amplia y por eso se usa para casi todo. Debajo hay un movimiento bastante concreto, y se puede describir sin jerga: el cumplimiento se está metiendo dentro del software que opera el negocio.
¿Qué cambia respecto de cómo se hacía antes?
El modelo tradicional separa las dos cosas. Un sistema origina, coloca o paga; otro, o un equipo, revisa después que todo estuviera en orden. Funciona mientras el volumen sea revisable a mano, y deja de funcionar exactamente el día en que la operación crece.
El modelo que se está imponiendo no revisa después: impide antes. La regla vive dentro del flujo, se aplica en el momento de la operación y deja constancia de que se aplicó. No es más control, es el mismo control en otro punto del tiempo.
¿Qué lo empujó en México?
Tres cosas que se dieron juntas. Un marco que se volvió más exigente con la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera y con la supervisión de la CNBV y la UIF. Un canal digital que dejó de ser el secundario. Y un fraude que se profesionalizó al mismo ritmo que el onboarding se hizo remoto.
El efecto práctico es que la pregunta de compra cambió. Ya no es «¿qué herramienta me ayuda a cumplir?», sino «¿en qué punto de mi proceso se aplica esta regla y qué deja escrito cuando se aplica?».
¿En qué se nota que un proyecto RegTech va bien?
En que los tiempos bajan sin que suba el riesgo. Los casos publicados de originación digital con ART van de dos días a diez minutos en retail y de dos días a doce minutos en seguros, con caídas de intentos de fraude de hasta 95%. Las dos cifras importan juntas: bajar sólo el tiempo es fácil y dura poco.
Cómo cambia esto según la industria está en sectores: lo que para una fintech es velocidad de decisión, para una aseguradora es tiempo de emisión.
Y se nota en lo que pasa cuando llega una revisión. Un proceso RegTech maduro contesta con su propio registro; uno inmaduro convoca una reunión. La diferencia no está en la tecnología que se compró, sino en si esa tecnología está en el camino de la operación o al lado.
¿Por dónde no conviene empezar?
Por el tablero. Es tentador arrancar por la visualización —alertas, indicadores, reportes— porque es lo que se enseña en un comité, pero un tablero sobre datos que se capturan a mano hereda todos los huecos de la captura. Primero el dato en origen; la vista, después.
Tampoco conviene empezar por el proveedor. Antes de elegir hay una pregunta que sale gratis y ahorra meses: qué parte del proceso va a seguir operando la institución y qué parte va a operar alguien más. Lo hemos escrito aparte en Tecnología y transformación digital.